En las universidades y centros de formación para adultos existe la tendencia errónea de querer aplicar la misma metodología en la formación de personas adultas que en la enseñanza escolar o secundaria, sin tener en cuenta un serie de diferencias importantes existentes entre la forma de aprender de niños o adolescente y los adultos.
Estas diferencias pueden sintetizarse de esta forma:
- Diferencias en el dominio de habilidades y estrategias de aprendizaje.
- Motivaciones e intereses personales diferentes.
- Perfiles psicológicos distintos.
- Características fisiológicas del cerebro también distintas.
- Las disponibilidad para el estudio suele ser menor, puesto que deben compaginarlos con obligaciones familiares y laborales.
Por lo tanto, a la hora de enseñar a una persona adulta hay que tener muy en cuenta los siguientes factores:
- El tiempo que lleva sin realizar ninguna acción formativa, que pueden llegar a ser muchos años.
- Posibles dificultades derivadas de la falta de recursos, habilidades y estrategias para aprender.
- Falta de hábito de estudio establecidos.
- El adulto suele buscar muy intensamente la utilidad y la aplicación práctica de la formación. En el caso de que tenga la sensación de que aquello que aprende no le sirve, se desmotivará, desviará su interés y dejará de aprender.
- Es probable que realice la formación en condiciones difíciles: cansancio, con preocupaciones laborales y familiares.
- Por lo general, la formación no es el aspecto principal de la vida de un adulto.
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