La principal característica de la sociedad contemporánea es el cambio y la rapidez. La ciencia y la tecnología avanzan a una rapidez inusitada, como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad. Todavía no nos hemos acostumbrado a un determinado avance tecnológico, cuando ya surge otra novedad que debemos asumir para no quedarnos fuera de juego en el terreno laboral y social.
En este contexto, los adultos no tienen suficiente con lo aprendido en la niñez y la juventud y no tienen otro remedio que reciclarse constantemente para poder ser competentes en su trabajo y en las relaciones con sus hijos, familiares, amigos y con la sociedad en general.
Sin embargo, la mayor parte de los sistemas educativos no dan respuesta, al menos no de forma suficiente, a las necesidades de educación que estos tienen para poder dar adecuada réplica a la sociedad cambiante en la que viven. El problema de base es que la educación, a diferencia de épocas anteriores, no ha de procurar enseñanzas en relación a unas bases de conocimientos muy bien conocidas y afianzadas durante años, sino que deben amoldarse constantemente a un cambio continuo, los que puede dar lugar a situaciones imprevisibles.

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